- Terminada la de México por los españoles, Hernán Cortés, a cuya noticia había llegado la existencia de ricas tierras habitadas por numerosas tribus de Guatemala, dispuso enviar a someterlas al más intrépido de sus capitanes, Pedro de Alvarado.
- Varias naciones indigenas, descendientes de log antiguos mayas, ocupaban el territorio de Guatemala en el siglo xvi. Entre ellas, las más importantes y numerosas eran, sin duda, la quiché y la cakchiqueel, pueblos rivales que varias veces se habían hecho la guerra y que se disputaban continuamente la supremacía por razones territoriales, políticas y económicas.
- La nación quiché era, en la época de la conquista española, la más poderosa y culta de las que ocupaban el territorio de la América Central. Cuando, en 1524, se presentó Alvarado ante las fronteras del Quiché, los indios le opusieron la más vigorosa resistencia, pero después de sangrientas batallas tuvieron que rendirse ante la superioridad de las armas y de la táctica de los españoles.
- Como recurso desesperado, los reyes quichés ofrecieron a Alavardo recibirlo de paz en su capital, la ciudad de Utatlán; pero una vez dentro de sus muros, el astuto capitán español sospechó que se trataba de destruirlo a él y a su ejército en las estrechas calles y fortificaciones, y se retiró a los campos circunvecinos, se apoderó de los reyes, los condenó a muerte como traidores, y los ejecutó a la vista de la población aterrorizada. En seguida mandó arrasar la ciudad, cuyos habitantes se dispersaron en todas direcciones.
- Alvarado mismo, en carte que dirigió a Hernán Cortés, dándole cuenta de la campaña, describe las intenciones que creyó ver en los reyes quichés y concluye con estas palabras: “E como conosci de ellos tener tan mala voluntad al servicio de su majestad y para el bien y sociego de esta tierra, yo los quemé y mandé quemar la ciudad y poner por los cimientos, porque es tan peligrosa y tan fuerte que más parece casa de ladrones que de pobladores.[1]
- Es probable que una parte de los habitantes de Utatlán, especialmente los miembros de la nobleza, que tenían sus cases en la capital y las vieron desaparecer devoradas por el fuego, se haya trasladado al pueblo inmediato de Chichicastenango, que los antiguos quichés llamaban Chuilá, o lugar de las ortigas.
- Los españoles dieron más tarde a este pueblo el nombre de Santo Tomás y confiaron su pacificación a los misioneros de las órdenes religiosas, quienes convirtieron a los habitantes a la fe católica y los iniciaron en la civilización del antiguo continente. De esta manera, Santo Tomás Chichicastenango, como se ha continuado llamando a esta población, constituye un núcleo importante de indios quichés, que prosperó a través de los trescientos años del gobierno español y qu es hoy una de las comunidades indígenas más industriosas y extensas de Guatemala y la meca del extranjero, a quien atraen poderosamente la belleza natural del lugar y las costumbres pintorescas de sus habitantes.
- Dentro de los muros del espacioso convento de Chichicastenango, vivió a principios del siglo XVIII el Padre Fray Francisco Ximénez, de la Orden de Santo Domino. El Padre Ximénez era un varón sabio y bondadoso, conocedor de las lenguas de los indios y vivamente interesado en convertirlos a la religión cristiana.
- Es probable que en su trato con ellos y mediante su ayuda y consejos paternales, se haya conquistado su confianza y haya conseguido que le refirieran las leyendas y tradiciones de su raza. Ximénez, como se ha dicho, era consumado lingüista, y, por consiguiente, tenía la ventaja de poder comunicarse co sus feligreses en la misma lengua quiché, de la que ha dejado valiosos estudios gramaticales.
- Todas estas circunstancias favorables ayudaron a vencer la natural desconfianza de los indios y a ellas se debe, probablemente, que, por último, llegara a manos del religioso dominicano el libro que tan celosamente guardaban y que contenía las antiguas historias de su nación.
- Este documento, escrito poco después de la conquista española por un indio quiché que aprendió a leer y escribir el idioma castellano, es conocido generalmente con el nombre de Popol Vuh, Popul Buj, Libro del Consejo, Libro del Común o Libro Nacional de los Quichés, y contiene las ideas cosmogónicas y las antiguas tradiciones de este pueblo americano, la historia de sus orígenes y la cronología de sus reyes, allá por eel año 1550.
- Se ignoran el nombre del autor de este libro y el destino de su obra original, la que permaneció oculta por más de ciento cincuenta años. El Padre Ximénez, que la descubrió en su curato de Santo Tomás Chichicastenango, hizo una transcripción del texto quiché que, con su traducción a la lengua castellana, intituló Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala.
- Esta transcripción se conserva, escrita de manos del padre historiador; pero del documento original, escrito en lengua quiché, no ha quedado noticia alguna y es posible que, después que el Padre Ximénez hizo uso de él, haya vuelto a manos de los indio y a la obscuridad en que hasta entonces había existido.
- Dice Ximénez que la falta de noticias de la antigüedad de los indios se debe a que éstos ocultaron los libros en que las tenían consignadas, y que, si bien es cierto que en algunas partes se hallaron dichos libros, no fué posible leerlos ni entenderlos. Por esta razón —dice el historiador— “se ha discurrido variamente acerca de estas gentes y su origen”.
- Y agrega: “y así determiné el trasuntar de verbo ad verbum todas sus historias como las traduje en nuestra lengua castellana, de la lengua quiché en que las hallé escritas desde el tiempo de la conquista, que entonces (como allí dicen) las redujeron de su modo de escribir al nuestro; pero fué con todo sigilo que se conservó entree ellos, con tanto secreto, que ni memoria se hacía entre los ministros antiguos de tal cosa, e indagando yo aqueste punto, estando en el curato de Sonto Tomás Chichicastenango, hallé que era la Doctrina que primero mamaban con la leche y que todos ellos casi lo tienen de memoria y descubrí que de aquestos libros tenían muchos entre sí … Y porque he visto a muchos historiadores tratando de las cosas de las que en sus historias contienen, que sólo fueron noticias sueltas, porque no vieron las historias, como ellos las tenían escritas, he detereminado poner aquí y trasladar todas sus historias, conforme ellos las tienen escritas.” [2]
- Estas son, más o menos, las mismas palabras que el Padre Ximénez había usado en el prólogo de su primera versión castellana del manuscrito quiché, para describir el propósito de su trabajo. “Además de sacar a luz lo que había en la antigüedad entre estos indios —dice en aquel lugar— se reduce esta mi obra a dar luz y noticia de los errores que tuvieron en su gentilidad y que todavía conservan entre sí; quise trasladar todas las historias a la letra de estos indios y también traducirlas en la lengua castellana y ponerle los escolios que al fin van puestos, que son como anotaciones de la historia que se van declarando las cosas de los indios, porque discurro que habrá muchos curiosos que quieran saberlas, y con eso, se no saben la lengua, tendrán facilidad de poderlo saber.” [3]
- Do tres cosas decía eel P. Alonso Ponce, en su Relación citada por Brinton, [4] que eran alabados los mayas de Yucatán (a quienes visitó en 1586): “la una de que en su antigüedad tenían caracteres y letras, con que escribían sus historias y las ceremonias y orden de los sacrificios de sus ídolos y su calendario, en libros hechos de corteza dee cierto árbol, los cuales eran unas tiras muy largas de quarta o tercia en ancho, que se doblaban y recogían, y venía a quedar a manera de un libro encuadernado en cuartilla, poco más o menos. Estas letras y caracteres no las entendían sino los sacerdotes de los ídolos (que en aquella lengua se llaman ‘ahkines’) y algún indio principal”.
- Los indios de México y Guatemala conservaban también sus historias y otros escritos por medio de pinturas en lienzos, algunos de los cuales se salvaron de la destrucción general de que fueron víctimas los libros y documento indígenas. El Obispo de Chiapas, Fray Bartolomé de las Casas, que a raíz de la Conquista recogió abundantes informaciones sobre la vida y costumbres de los indios, dice, en un pasaje frecuentemente citado de sus obras, que había entre ellos cronistas e historiadores que conocían los orígenes de todas las cosas de la religión, de las fundaciones de los pueblos y ciudades, cómo comenzaron los reyes y señores, sus hechos memorables, cómo gobernaron y cómo se elegía a sus sucesores; sabían de los grandes hombres y esforzados capitanes, las guerras que hubo, las antiguas costumbres y todo lo que pertenece a la historia.
- Y agrega que “estos cronistas tenían cuenta de los días, meses y años, [y] aunque no tenían escriptura como nosotros, tenían empero sus figuras y caracteres” con los cuales representaban todo lo que querían, y con ellos formaban “sus libros grandes, por tan agudo y sotil artificio que podríamos decir que nuestras letras en aquello no les hicieron mucha ventaja. Destos libros vieron alguno nuestros religiosos, y aun yovideo parte los cuales se han quemado por parecer de los frailes, pareciéndoles, por lo que tacaba a la religión, en este tiempo y principio de su conversión, quizá no les hiciese daño”. [5]
- Los historiadores Acosta, Clavijero e Ixtlilxóchitl refieren que los indio aprendían a recitar las arengas más notables de sus antepasados y los cantos de sus poetas y que unas y otras se de esta manera de transmitían de generación en generación. El Obispo Las Casas, escribiendo a raíz de la Conquista, aproximadamente en 1540, dice en el capítulo de la Apologética anteriormente citado que “en algunas partes no usaban desta manera de escrebir, sino que la noticia de las cosas antiguas venía de unos en otros de mano en mano.”, y que cuatro o cinco, o quizá más, de los que se aplicaban al oficio de historiadores, se instruían en las antigüedades, aprendiendo de memoria todo lo perteneciente a la historia y recitándolo entre ellos, mientras los demás so lo enmendaban, pero que este sistema era naturalmente defectuoso.
- En otro pasaje de la Apologética refiere el Padre Las Casas que los indios mexicanos tenían cinco libros de figuras y caracteres. El primer libro contenía la historia y el cómputo del tiempo, el segundo los días solemnes y fiestas de cada año, el tercero trataba de los sueños, agüeros y supersticiones, el cuarto de la manera de dar nombre a los niños y el quinto de los ritos y ceremonias del matrimonio. Agrega que en los primeros libros, además de computar los años, fiestas y días solemnes, referían sus guerras, triunfos y derrotas, el origen, genealogía y hechos de los principales señores, las calamidades públicas y sus conquistas hasta la llegada de los españoles. Daba cuenta este libro de las gentes que poblaron antiguamente el territorio de México, de quienes dice confusamente que vinieron de las Siete Barranca. Aquel primer libro, concluye diciendo Las Casas, se llamaba, en lengua de los indios, Xiuhtonalamatl, o sea “cuenta de los años”. [6]
- Ixtilxóchitl, por su parte, dice lo siguiente respecto a sus antepasados mexicanos: “Tenían para cada género sus escritores; unos que trataban de los Anales, poniendo por su orden las cosas que acaecían en cada un año, con día, mes y hora; otros tenían a su cargo las genealogías de descendencias de los Reyes, Señores y Personas de linaje, asentando por cuenta y razón los que nacían y borraban los que morían con la misma cuenta. Unos tenían cuidado de las pinturas, de los términos, límites y mojoneras de las ciudades, provincias, pueblos y lugares y de pertenecían; otras de los libros de leyes, ritos y ceremonias que usaban.” [7]
- Según refiere Ixtilxóchitl, el Rey de Tezcuco, Huematzin, había reunido todas las historias de los toltecas en el Teoamoxtli o “libro divino”, [8] que contenía las historias de la creación del mundo, la emigración de Asia de aquellos pueblos, las etapas de su viaje, la dinastía de sus reyes, sus instituciones, sociales y religiosas, sus ciencias, artes, etc.
- En el conocido pasaje de la Relación del Oidor Diego García de Palacio, escrita en Guatemala en 1576, hablando de las ruinas de Copán, se leen las siguientes palabras: “He procurado saber por la memoria de los antiguos qué gente vivió allí, e qué saben e oyen de sus antepasados. No he hallado libros de sus antigüedades, ni creo que en todo este distrito has más que uno, que yo tengo. Dicen que antiguamente había venido allí y fecho aquellos edificios un gran señor de la provincia de Yucatán e que al cabo de algunos años se volvió a su tierra solo, e lo dejó despoblado … Por la memoria dicha parece que antiguamente gente de Yucatán conquistó y subjetó las provincias de Ayajal, Lacandón, Verapaz y la tierra de Chiquimula y ésta de Copán.” [9]
- Esto datos del libro o memoria que poseía García de Palacio son interesantes como comprobación de la teoría de que Copán fué fundada por los mayas del norte y abandonada subsiguientemente. No sabemos, sin embargo, si aquel libro contenía otras noticias de interés acerca de los antiguos pobladores de esa región.
- Herrera, gran compilador de las relaciones americanas del siglo XVI, reproduce las noticias relativas a los libros que se encontraron “en Yucatán y en Honduras”. [10] Oviedo y Gómara dan cuenta, por su parte, de los libros de los indios de Nicaragua. “Tienen … —dice Gómara— libros de papel y pergamino, un palmo anchos y doce largos, y doblados como fuelles, done señalan por ambas partes de azul, púpura y otros colores las cosas memorables que acontecen”, etc. [11]
- A fines del siglo xvii todavía se encontraban algunos de estos libros en el territorio de la actual República de Guatemala. El Padre Francisco Ximénez refiere que en la Provincia del Petén, situada al sur de Yucatán, encontraron los españoles, durante la expedición de 1696 contra los itzaes, algunos “libros escritos con unos caracteres que tiraban a hebreos y también a los que usan los chinos”. [12] Indudablemente eran libros escritos en jeroglíficos mayas y es posible que sean los mismos códices que se llevaron a Europa y se conservan actualmente en Dresde, París y Madrid.
- El Padre Avendaño y Loyola afirma, en su Relación de las dos entradas que hizo al Petén, que anteriormente había visto los que él llama anahtees (probable evolución de la palabra mexicana amatles, que eran los libros de los mexicanos) que usaban los indios, y que el misionero franciscano describe como “unos Libros de corteasas de árboles bruñidos y dados con yeso en los cuales tienen por figuras y caracterees pintados, pronosticados los sucesos futuros” (fol. 29 vto.). Y más adelante (fol. 35) agrega que estos libros eran “de a quarta de largo y como cinco dedos de ancho, de cortesas de árboles echos, doblados a una vanda y a otra a manara de biombos con el grosor cada hoja del canto de un real de a ocho mexicano. Estos eran pintados pr una parte y otra con variedad de figuras y caracteres que indican no sólo la cuenta de dichos días, meses y años, sino las edades y las prophecías que sus ídolos le anunciaron.”
- Ximénez dice también (1857, p.160) que los indios leían el horóscopo de los niños recién nacidos en libros como uno que él poseía y que debe de haber sido un cholquih (tzolkín en maya, tonalamatl en náhuatl), con el calendario ritual de 260 días y la clasificación de los días en buenos y aciagos. Un calendario de esta clase encontró el P. Viente Hernández Spina en el pueblo de Santa Catarina Ixtlahuacán (Guatemala), y lo dió a conocer la revista La Sociedad Económica de Guatemala (1870). Las palabras de Ximénez sobre el particular son como sigue: “Y esto lo ven en un libro que tienen todos los meses y signos correspondientes a cada día, que uno de ellos tengo en mi poder.”
- El Canónigo Ordóñez y Aguiar copia un párrafo de las Constituciones Diocesanas del Obispo de Chiapas Núñez de la Vega, en que éste se refiere a las supersticiones de los indio zendales y da noticia da noticia de “un cuadernillo historial antiquísimo”, escrito por ellos y que se hallaba en manos del prelado. En dicho libro —según el Obispo— se consignaban claramente, por generaciones, los nombres de los primeros señores y sus antepasados. Ordóñez agrega que los indios le confiaron a él el mismo cuadernillo original, que él llama Probanza de Votán y que se había escrito una obra acerca del origen de los indios y afirma Ordóñez en un pasaje del tomo 2{ORDINAL} de su obra, que reproduce Brasseur de Bourbourg en la introducción al Popul Vuh. [13]
- En lo que atañe al reino del Quiché, tenemos el testimonio precioso del autor del Manuscrito de Chichicastenango, quien asegura que antiguamente existía en su pueblo uno de estos libros, escrito sin duda con auxilio de pinturas, en el cual se describían los acontecimientos históricos y se vaticinaban los hechos futuros que podían afectar a la vida de la nación. Corrobora esta noticia otra testimonio de la misma época en que se redactó aquel documento, el del Oidor de la Audiencia de los Confines, Doctor Alonso de Zorita, quien refiere que durante la visita que hizo (entre 1553 y 1557) a la Provincia de Utatlán, y con ayuda de un religioso dominicano (el Padre Las Casas), pudo enterarse del sistema político de los quichés “por las pinturas que tenían de sus antigüedades de más de ochocientos ańos y con viejos muy antiguos”. [14]
- Para los naturales de Guatemala era muy duro renunciar a las tradiciones de sus antepasados, y por mucho tiempo, después de la Conquista, continuaron haciendo sus bailes, en los que cantaban episodios de su historia y recitaban pasajes de su el año de 1550 un Oidor de la Audiencia de Guatemala, el Licenciado Tomás López, menos tolerante que el ilustre Zorita, pedía al Rey que no se permitiera a los indios hacer sus “bailes antiguos, como lo hacen, cantando sus historias antiguas e idolatrías”. [15]
- Esta devoción de los indios americanos a sus creencias antiguas subsistía en Yucatán en el siglo XVII, según refiere Cogolludo en los siguientes párrafos de su Historia: “Tenían fábulas muy perjudiciales de la creación del mundo, y algunos (después que supieron) las hizieron escribir, y guardaban, aun ya Christianos bautizados, y las leían en sus juntas. El doctor Aguilar refiere en su Informe que tuvo un cartapacio de éstos, que quitó a un Maestro de Capilla, llamado por sobrenombre Cuytún, del pueblo de Zucop, el cual se le huyó y nunca lo pudo haber, para saber el origen de este su Génesis.” [16]
- Este es también el origen de los libros de Chilam Balam, descubiertos en diversos lugares de Yucatán y que contienen la narración cronológica de los hechos antiguos de los mayas de la península.
- Con un criterio más liberal y humano, propio de verdaderos misioneros cristianos, los sacerdotes y frailes españoles de Guatemala se empeñaron, desde los primeros años de la colonización, en enseñar a los indios a leer y escribir el castellano. Algunos de éstos progresaron rápidamente en el arte de la escritura y compusieron en su propro idioma, empleando el alfabeto latino, las crónicas y narraciones del tiempo antiguo que se conservaban entre ellos por tradición oral, o por medio del arte pictográfico. Los religiosos españoles no sólo no se oponían a estos trabajos, sino que estimulaban a los indios a que los realizaran, y gracias a esta ilustrada política han pasado hasta nuestros tiempos preciosos documentos que hacen luz en la historia de las razas que poblaban el país desde varios siglos antes de la llegada de los castellanos.
- El anónimo autor de la Isagoge Histórica Apologética de las Indias Occidentales, escrita en Guatemala a fines del siglo XVIII, dice a este propósito: “Varias relaciones formaron los indios a instancias de los primeros españoles y primeros padres, en las cuales tratan de su origen, de su venida a estas tierras, de sus reyes y de otras historias que llegaron a su noticia, ya por tradición de sus antepasados, ya por noticias de los caracteres y libros con que se entendían en su antigüedad.” [17] Y menciona a continuación algunos de los documentos originales de que se sirvió el autor de la Recordación Florida para componer su historia. El cronista Fuentes y Guzmán describe, en efecto, varios manuscritos que asegura haber tenido en sus manos. Por desgracia, la mayoría de sos documentos se ha perdido. Entre ellos firguran tres manuscritos quichés. El autor de uno de ellos se identifica en estos términos: “Yo, Don Francisco Gómez, Primer Ahzib Quiché, aquí en este papel escribo la venida de nuestros padres y abuelos de de allá de la otra parte del mar, de donde sale el sol.” [18] Las curiosas noticias de este autor se completan con otros dos documentos, el primero escrito por “Don Juan de Torres, hijo del Rey Chignauicelut y Don Juan Macario, su hijo”, y el segundo “que es cuaderno de los calpules o familias nobles de Santa Catarina Istaguacán, escripto en veinte y ocho fojas, por un cacique dellos, Don Francisco García Calel Yzumpán, quien dice en el ingreso y al principio de su relación, que siendo los primeros que aprendieron la inteligencia de nuestras letras, por el mandato del Reverendo Obispo Don Francisco Marroquín, escribe aquella breve relación de sus mayores y que le da principio su obediencia a 9 de Diciembre de 1561 años”. [19]
- Ximénez no concedía mucho valor a los documentos que cita Fuentes y Guzmán, los cuales, a su juicio, son “de muy poca autoridad respecto de ser escritos por indios particulares do otros pueblos, muchos años después de la conquista, sin más noticia para ellos que las que entre los particulares estaban difundidas”. En cambio, las historias que él encontró y tradujo al castellano, dice este autor que “son las originales de la Corte y que conservaban en su modo de escribir sus sumos Sacerdotes; y así, aunque lo más auténtico tocante a las noticias de sus cosas en loque llaevancamino y concierto”. [20]
- De las narraciones escritas por los indios quichés, solamente se conservan, además del Manuscrito de Chchicastenango, las que se enumeran a continuación: el ms. original de la Historia Quiché de don Juan de Torres, fechada el 23 de octubre de 1580, que es diferente de la que cita Fuentes y Guzmán y que contience la relación de los reyes y señores, jefes de las cases grandes y de los chinamitales y calpules del Quiché; la traducción al español de los Títulos de los antiguos nuestros antepasados, los que ganaron las tierras de Otzoyá, escritos al parecer en 1524 y que llevan al pie la firma de don Pedro de Alvarado; y la traducción castellana del Título de los Señores de Totonicapán, fechado el año de 1554. A pesar de su corta extensión, contienen estos documentos interesantes noticias sobre los orígenes, la organización política y la historia del pueblo quiché, que completan la infrmación del Popul Vuh. [21]
- Aunque escrito en otra lengua, debe citarse también aquí el manuscrito Memorial de Tecpán-Atitlán, no sólo por su alto valor histórico, sino porque, en su primera parte, confirma muchas de las noticias del Popol Vuh acerca del origen y emigraciones de las tribus, en la época en que estaban todas unidas y aún no se habían dividido en los diferentes grupos que compartían el territorio de Guatemala a principios del siglo XVI. El libro cakchiquel fué redactado después de la conquista española por Francisco Hernández Arana Xahilá, nieto du uno de los yeyes de su nación y continuado por Francisco Díaz Qebuta Queh, de la misma familia, quien lleva la narración hasta el año 1597.
NOTES:
Carta-Relación de Alvarado a Hernán Cortés. En Libro Viejo de la Fundación de Guatemala, pp. 271-275 ↩︎
Ximénez, 1929, t. 1, p. 5. ↩︎
Ximénez, 1857, p. 1-2. ↩︎
Brinton, 1890, p. 255 ↩︎
Las Casas, 1909, eap. ccxxv. De los libros y de las tradiciones religiosas que había en Guatemala. ↩︎
Las Casas, 1909, eap. ccxxxiii. Donde se eotejan las ceremonias de los indios mexicanos … Dícese también qué libros tenían. ↩︎
Ixtlilxóchitl, t. ii, prólogo. ↩︎
Ixtlilxóchitl, t. ii, prólogo. ↩︎
García de Palacio, 1866, p. 5. ↩︎
Herrera, Década III, lib ii, cap xviii. ↩︎
Gómara, Historia de las Indias, cap. 206. ↩︎
Ximénez, 1929, t. 1, p. 4. ↩︎
Brasseur, 1861, p. LXXXVIIII. ↩︎
Zorita, 1892, pp. 225-226. ↩︎
Colección de documentos inéditos de Indias, t. XXIV, p 192. ↩︎
Cogolludo, 1688, p 192. ↩︎
Isagoge Histórica, 1935, lib. I, cap. VIII, p. 61. ↩︎
Fuentes y Guzmán, 1933, t. II, 2^a parte, lib. séptimo, cap. II. ↩︎
: Fuentes y Guzmán, 1933, t. II, 2^a parte, lib. primero, cap. V-IX; lib. séptimo, caps. II-LV. ↩︎
Ximénez, 1929, t. 1, cap. XXII, p. 54. ↩︎
Historia Quiché de D. Juan de Torres, MS. Colección Gates. Se conserva en el Institutes for Advanced Advanced Study, Princeton, New Jersey. “Títulos de los antiguos nuestros antepasados, los que ganaron estas tierras de Otzoyá antes de que viniera la fe de Jesucristo entre ellos, en el año de mil y trescientos”. En Anales de la Soc. de Geog. e Hist. de Guatemala, septiembre de 1941. Título de los Señores de Totonicapán, Alençon, 1885. ↩︎
