Preambulo

  1. Este es el principio de las antiguas historias de este lugar llamado Quiché. [1]
  2. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, [2] el principio y el origen de todo lo que se hizo en la cuidad del Quiché, por las tribus de la nación quiché.
  3. Y aquí traeremos la manifestación, la publicación y la narración de lo que estaba oculto, la revelación por Tzacol, Bitol Alom, Qaholom, que se llaman Hunabpú-Vuch, Hunahpú, Zaqui-Nimd-Tzilís, Tepeu, Gucumatz, u Qux Cho, u Qux Paló, Ab Rasd Lac, Ab Raaxd Tzel, así llamados.[3] Y [al mismo tempo] la declaración, la narración conjuntas de la Abuela y el Abuelo, cuyos nombres son Ispiyacoc e Ixmucané,[4] amparadores y protectores, dos veces abuela, dos veces abuelo, así llamados en las historias quichés, como todos ellos las contaban y, además,[5] todo lo qui hicieron en la claridad de la existencia, en la claridad de la historia.
  4. Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo, lo sacaremos a luz porque ya no se ve el Popol Vuh, así llamado,[6] donde se veía claramente la venida del otro lado del mar y la narración de nuestra obscuridad, y se veía claramente la vida.[7]
  5. Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador.
  6. Grande era la descripción y el relato de cómo se acabó de formar todo el cielo y la tierra, cómo fué señalado y el cielo fué medido y se trajo la cuerda de medir y fué extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro ángulos, en los cuarto rincones[8], como fué dicho por el Creador y el Formador, la madre y el padre de la vida,[9] de todo lo creado, el que da la respiración y el pensamiento, la que da a luz a los hijos, el que vela por la felicidad de los pueblos, la felicidad del linaje humano, el sabio, el que medita en todo lo que existe en el cielo, en la tierra, en los lagos y en el mar.

NOTES:


  1. Aré u xe oher tzih varal Quiché u bi. En este principio de las antiguas historias de la raza y en los renglones siguientes, el desconocido autor de el nombre de Quiché al país, así llamado: varal Quiché u be; a la ciudad, Quiché tinamit, y a las tribus de la nación, r’amag Quiché vinac. La palabra quiché, queeché, o quechelah significa bosque en varias de las lenguas de Guatemala, y proviene de qui, quiy, muchos y che, árbol, palabra maya original. Quiché, tierra de muchos árboles, poblada de bosques, era el nombre de la nación más poderosa del interior de Guatemala en el siglo XVI. El mismo significado tiene la palabra náhuatl Quauhtlemallan, que es probablemente una traducción del nombre Quiché y que, lo mismo que éste, describe con acierto el país montuoso y fértil que se extendía al sur de México. Es indudable que el nombre azteca Quauhtlemallan, del cual se derivó el moderno de Guatemala, se aplicaba a toda el país y no solamente a la capital de los cakchiqueles, Iximché (el árbol llamado ahora ramón), a la cual los tlaxcaltecas que llegaron con Alvarado llamaron Tecpán-Quauhtlemallan. Todo este territorio situado al sur de Yucatán y el Petén-Itxá era conocido desde antes de la conquista española con los nombres de Huatimala y Tecolotlán (Verapaz hoy día). Sahagún es muy explícito cuando dice (lib. x, cap. xxix) que los primeros habitantes de la Nueva España desembarcaron en Panutla (Pánuco) y recorrieron la ribera del mar mirando las sierra nevadas y los volcanes hasta que llegaron a la provincia de Guatemala. ↩︎

  2. Varal x-chi ca tzibah vi, x-chi ca tiquibá vi oher tzih, en el original. Para escribir las antiguas historias del origen y desarrollo de la nación quiché el autor probablemente se sirvió, no sólo de la tradición oral, sino también de las pinturas antiguas. Sahagún refiere que los sacerdotes toltecas cuando caminaban hacia el Oriente (Yucatán) llevaban consigo “todas sus pinturas donde tenían todas las cosas do antiguallas y de los oficios mecánicos”. En el cap. VI de la Cuarta Parta de este libro se lee que el Señor Nacxit (Quetzalcoatl) dió a los príncipes quichés, entre otras cosas, “las pinturas de Tulán (u tzihal Tulán), las pinturas, como le llamaban aquello en que ponían sus historias”. ↩︎

  3. Estos son los nombres de la divinidad, ordenados en parejas creadoras de acuerdo con la concepción dualística de los quichés, como sigue:

    T’zacol y Bitol, el Creador y el Formador;

    Alom, la diosa madre, la que concibe los hijos, de al, hijo, alán, dar a luz. Qaholom, el dios padre que engendra los hijos, dee qahol, hijo del padre, qaholah, engendrar. Madre y padree los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre y padre los llama Ximénez; son el Gran Padre y la Gran Madre, así llamados por los indios, según refiere Las Casas, y que estaban en el cielo;

    Hunahpú-Vuch, un cazador vulpeja o tacuazín (Opossum), dios del amanecer; vuch es el moment que precede al amanecer, es la divinidad en potencia femenina, según Seler. Hunahpú-Utiú, un cazador coyote, variedad de lobo (Canis latrans), dios de la noche, en potencia masculina.

    Zaqui-Nimá-Tziis, Gran pisote blanco (Nasua nasica), encanecido por la edad, diosa madre; y su consorte, Nim-Ac, Gran cerdo montés, o jabalí, ausente en este lugar por omisión mecánica, pero invocado en el capítulo siguiente;

    Tepeu, el rey o soberano, del náhuatl Tepeuh, tepeuani, que Molina traduce por conquistador o vencedor en batalla; ah tepehual entre los mayas, quienes lo tomaron igualmente de los mexicanos. Gucumatz, serpiente cubierta de plumas verdes, de guc, en maya, kuk, plumas verdes, quetzal por antonomasia, y cumatz, serpiente; es la versión quiché de Kukulcán, el nombre maya de Quetzalcoatl, el ray tolteca, conquistador, civilizador y dios de Yucatán durante el período del Nuevo Imperio Maya. El fuerte colorido mexicano de la religión de los quichés se refleja en esta pareja creadora que continúa siendo invocada a través del libro hasta que la divinidad toma forma corporal en Tohil, aa quien en la Tercera Parte se identifica expresamente con Quetzalcoatl;

    Ah Raxá Lac, el Señor del verde plato, o sea la tierra; Ah Raxá Tzel, el Señor de la jícara verde o del cajete azul, como dice Ximénez, o sea el cielo.

    El nombre Hunahpú ha sido objeto de muchas interpretaciones. Literalmente, significa un cazador con cerbatana, un tirador; etimológicamente es eso mismo y es vocablo de la lengua maya, ahpú en maya es cazador y ah ppuh ob, forma de plural, son los monteros que van a la caza, según el Diccionario de Motul. Es evidente, sin embargo, que los quichés debían tener alguna razón más plausible que esta etimología para dar ese nombre a la divinidad. El cazador en los tiempos primitivos era un personaje muy importante; el pueblo vivía de la caza y de los frutos espontáneos de la tierra antes de la invención de la agricultura. Hunahpú sería, en consecuencia, el cazador universal, que proveía al hombre dee sustento; hun tiene también en maya la acepción de general y universal. Pero posiblemente los quichés que descendían directamente de los mayas, quisieron reproducir en el nombre Hunahpú el sonido de las palabras mayas Hunab Ku, “el único dios”, que servían para designar al dios principal del panteón maya, que no podía representarse materialmente, por ser incorpóreo. La pintura de un cazador podría haber servido en los tiempos antiguos para representar el fonema Hunab Ku que encerraba una idea abstracta, la de un ser espiritual y divino. El procedimiento es común en la escritura pictográfica precolombina. Hunahpú es también el nombre del vigésimo día del calendario quiché, el día más venerado de los antiguos, equivalente al maya Ahau, señor o jefe, y al náhuatl Xóchitl, flor y sol, símbolo del dios sol o Tonatiuh. ↩︎

  4. Ixpiyacoc e Ixmucané, el viejo y la vieja (en maya ixnuc es vieja), equivalentes de los dioses mexicanos Cipactonal y Oxomoco, los sabios que según la leyenda tolteca inventaron la astrología judiciaria y compusieron la cuenta de los tiempos, o sea el calendario. Aunque en la leyenda quiché existían las otras parejas abstractas de que se ha hablado antes, Ixpiyacoc, y sobre todo Ixmucané, tenían un contacto más directo con las cosas de este mundo; juntos eran lo que l arqueólogo mexicano Enrique Juan Palacios llama “la pareja creadora activa que entiende directamente con la fábrica material de las cosas.”. ↩︎

  5. Ta x-qui tzihob ronobhel ruq x-qui ban chic. Como contaban las historias todos ellos, conforme a la tradición oral de la mayoría del pueblo. Son my frecuentes en el Popol Vuh las frases en que aparece la preposición ruq después del verbo y que pueden leerse como formas de recíproco. Otras veces, como en el presento caso, la palabra ruq equivale a la preposición castellana con, e indica entre dos cosas o ideas. ↩︎

  6. Popu Vuh, or Popol Vuh, literalmente el libro de la comunidad. La palabra popol es maya y significa junta, reunión o casa común. Popol na es la “casa de comunidad donde se juntan a tratar de cosas de república”, dice el Diccionario de Motul. Pop es verbo quiché que significa juntar, adunar, amontonarse la gente, según Ximénez; y popol cosa perteneciente al cabildo, comunal, nacional. Por esta razón Ximénez interpreta el Popol Vuh como Libro del Común, o del Consejo. Vuh o uúh es libro, papel o trap y se deriva del maya huún o uún, que libro y el árbol de cuya corteza se hacía el papel antiguamente y que los nahuas llaman amatl, en Guatemala popularmente amatle (Ficus cotinifolia). Nótese que en muchas palabras la h del maya se convierte en j, o h aspirada en quiché. Na, casa en maya, se convierte en ha, o ja; huún, o úun, libro en maya, se vuelve vuh o uúh en quiché. ↩︎

  7. Ilhal zac qazlem. Ilbal es nombre verbal derivado de il, ver, saber, conocer. Brasseur encierra entre comillas esta frase del texto: u tzihoxic ca muhibal, ilbal zac qazlem, pero en el original no existen las comillas. ↩︎

  8. Cah tzuc, cah xucut, en el original. Los cuatro puntos cardinales, según Brasseur. Es la misma idea de los cuarto Bacabes que sostienen el cielo de los mayas. ↩︎

  9. Cuando enumera personas de los dos sexos, se observará que el Popol Vuh galantemente menciona primero a la mujer. ↩︎