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¿Educación a Distancia, Virtual o Remota?

Pasemos al Aprendizaje Digital Transformador

La reciente decisión de cerrar la presencialidad en las escuelas de Lima Metropolitana y sustituirlas por educación “virtual” pone de manifiesto una desconexión persistente entre las políticas educativas y las realidades del país. Esta medida, aunque justificable sólo en el contexto de una emergencia, evidencia una improvisación que sigue impactando negativamente en el derecho a una educación de calidad. A cuatro años de la pandemia, seguimos apostando por estrategias deficientes, como la videoconferencia, que han demostrado ser insuficientes como único recurso para reemplazar la educación presencial.

La conectividad educativa es más que cables y dispositivos; es un compromiso estructural que abarca infraestructura, capacitación docente y transformación pedagógica. Perú enfrenta desafíos profundos en este sentido: la falta de acceso universal a internet, recursos limitados para estudiantes y docentes, y una visión fragmentada que no integra lo digital en la cultura educativa del país. En este contexto, la conectividad educativa no puede entenderse solo como una solución técnica, sino como un pilar estratégico para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad.

La urgencia es la de contar con una estrategia nacional de Aprendizaje Digital Interactivo

Esta debe ir más allá del uso de plataformas de videoconferencia y contemplar un enfoque integral que considere los siguientes elementos clave:

1. Expansión de la conectividad educativa:

Aunque se han realizado esfuerzos por conectar más escuelas a internet, el acceso sigue siendo desigual y limitado en muchas regiones rurales y periurbanas. La conectividad debe garantizar acceso estable, asequible y de calidad, acompañado de políticas que subsidien el acceso para las familias más vulnerables.

2. Fortalecimiento de la Plataforma PerúEduca:

PerúEduca, como herramienta central del sistema educativo, debe evolucionar hacia un ecosistema digital robusto que combine recursos síncronos y asíncronos. Es necesario diseñar contenidos interactivos, accesibles tanto en línea como fuera de línea, que integren elementos multimedia y gamificación para captar el interés de los estudiantes.

3. Producción de materiales híbridos:

La pandemia demostró que no todos los hogares tienen acceso continuo a internet. Por ello, los materiales educativos deben ser multiplataforma, utilizables tanto en dispositivos electrónicos como en formatos impresos, para garantizar la continuidad del aprendizaje en cualquier circunstancia.

4. Protocolos de activación y soporte:

Es fundamental establecer planes de contingencia claros, con protocolos específicos para activar herramientas digitales en situaciones de emergencia. Esto incluye el soporte técnico a docentes y estudiantes, líneas de ayuda para solucionar problemas y equipos de respuesta rápida para implementar soluciones tecnológicas en las escuelas más necesitadas.

5. Pedagogía de lo Digital:

Más que usar tecnología, el sistema educativo debe enseñar cómo aprender con tecnología. Esto requiere formar a docentes, directores y funcionarios en competencias digitales avanzadas, no solo en el manejo de herramientas, sino también en el diseño de estrategias pedagógicas que integren lo digital de manera significativa en el aprendizaje.

6. Acompañamiento y evaluación continua:

Un aprendizaje digital transformador necesita monitoreo constante. La conectividad no es el fin en sí mismo, sino un medio para mejorar los aprendizajes. Es crucial establecer indicadores que evalúen el impacto de estas políticas en los resultados educativos y ajustar las estrategias según los hallazgos.

El proyecto de conectividad educativa no es solo una inversión tecnológica, sino un proceso de transformación social. Es un esfuerzo por cerrar brechas históricas en el acceso a la educación, garantizar que los estudiantes de zonas rurales tengan las mismas oportunidades que los de zonas urbanas, y preparar a todos los ciudadanos para un futuro donde lo digital será central en la vida cotidiana y laboral.

La conectividad educativa debe ser vista como la columna vertebral de un sistema que combina lo presencial con lo digital, lo sincrónico con lo asincrónico, y lo técnico con lo pedagógico. Solo así lograremos una educación resiliente, inclusiva y preparada para los desafíos del siglo XXI.

En un país de contrastes como Perú, donde la geografía y las desigualdades parecen obstaculizar el progreso, invertir en conectividad educativa no solo es una opción, sino una obligación. La transformación digital en la educación no puede esperar; es el camino hacia un futuro más equitativo, inclusivo y sostenible..

- Jorge Copello (21-Nov-2024)


¿Por qué exonerar de reglas tributarias a lo que nos ofrece la economía digital?

El Decreto Legislativo 1623 del gobierno peruano, que establece un mecanismo para el cobro de impuestos sobre el uso de servicios digitales, ha generado controversia entre expertos legales y tributarios. Sin embargo, esta medida puede ser vista como una oportunidad significativa para reconocer la relevancia de la economía digital y las transformaciones que las tecnologías de la información y comunicación han generado en la producción y comercialización de bienes y servicios.

La economía digital ha permitido la creación de productos y servicios que se transforman continuamente gracias a la tecnología. Nos beneficiamos de innovaciones como la banca digital, el comercio electrónico, la educación digital, la telesalud, y las aplicaciones móviles, que han revolucionado sectores tradicionales y prometen un futuro de mayor accesibilidad y eficiencia.

Las tecnologías digitales no solo mejoran la experiencia del usuario al facilitar una atención más cercana y accesible en cualquier momento y lugar, sino que también aumentan la presencia global de los proveedores, permitiéndoles una penetración exponencial en los mercados. Aunque existen desafíos en términos de seguridad y protección de datos, la autenticación de pagos digitales ha avanzado significativamente, ¿estos avances nos ofrecen mayor confianza que las transacciones en efectivo?.

La implementación del Decreto Legislativo 1623 busca gravar con el Impuesto General a las Ventas (IGV) del 18% a los servicios digitales prestados por proveedores no domiciliados a residentes peruanos. Esto incluye servicios como el soporte técnico, el almacenamiento de datos, el acceso a redes sociales, el streaming, y las aplicaciones de servicios, entre otros. Este enfoque de retención del IGV plantea, como principal escenario, que los proveedores extranjeros se registren para el IGV.

Un tema complejo en el DL 1623 tiene que ver con usar este criterio “i. La dirección de protocolo de internet (IP) u otro medio de geolocalización asignado al dispositivo electrónico a través del cual se brindan los servicios digitales corresponda al Perú.” para definir la residencia habitual en el Perú. Aquí hay dos alertas a tener en cuenta en la formulación del reglamento. Primera preocupación: se estaría triangulando número IP, individuo y consumo de servicio. Esto vulnera la privacidad de las telecomunicaciones y la neutralidad de red. Especialmente porque este DL está enfocado en personas naturales. Segunda preocupación: no está definido el periodo en el que un usuario use un IP “peruano” para ser considerado “residente habitual”. Muchos turistas usan sus servicios en Perú y ya pagan impuestos en sus países de origen.

Finalmente, podríamos decir, la economía digital ofrece beneficios, aunque aún quedan desafíos en términos de equidad para todos los que participan en ella: una brecha que se amplía en términos de equipamiento, conectividad y de competencias. La inclusión de estos servicios en el régimen tributario, junto con el desarrollo de la competencia digital ciudadana y la infraestructura tecnológica del Estado, no solo es una medida lógica, sino necesaria para un desarrollo económico sostenible y justo. Incorporar la economía digital a las reglas tributarias actuales es una adaptación a las nuevas formas de producción y consumo que ya están definiendo nuestro presente y futuro​.

- José Luis Gargurevich (13-Ago-2024)


Promesas digitales: ¿Un paso hacia adelante o un disparo al aire?

En su último discurso a la nación, la presidenta Boluarte propone una agenda en temas de conectividad y transformación digital con desafíos que vale la pena analizar y dimensionar. Su discurso menciona la expansión de la infraestructura digital y la inclusión tecnológica, principalmente en áreas rurales. Anuncia la implementación de servicios 4G en 3,825 localidades para finales de 2025, con un 86% de cobertura proyectada para octubre de 2024.

Destaca la utilización del “Canon por Cobertura”, que permite redirigir hasta el 60% del pago por uso del espectro hacia inversiones en infraestructura 4G en áreas sin servicio. Además, el plan se traza la finalización de la red nacional de fibra óptica para finales de 2024, conectando 180 capitales de provincia y 1,481 distritos, con la meta de proporcionar internet a 1,328 escuelas públicas y 699 centros de salud en zonas rurales para el primer semestre de 2025.

En el ámbito de la transformación digital, el gobierno impulsará la Plataforma Nacional de Interoperabilidad para reducir el uso de papel y mejorar la eficiencia administrativa, implementando sistemas de gestión documental e identidad digital en 200 entidades públicas. La masificación del DNI electrónico y la identidad digital en teléfonos móviles son otras medidas destacadas para modernizar los servicios públicos.

Aunque estas iniciativas son prometedoras, la ejecución efectiva de tales proyectos ha sido históricamente problemática en el Perú, debido a barreras burocráticas y la corrupción. La administración Boluarte deberá demostrar capacidad de gestión y transparencia para materializar estas promesas y realmente transformar el paisaje digital del país. El enfoque en la infraestructura tecnológica es un paso necesario, pero su éxito dependerá de una implementación rigurosa y sostenida, conducida por una institución que, en materia de transformación digital, se haga cargo de una gobernanza sólida y plural, desde una rectoría con fuerte articulación con todos los Sectores comprometidos, el sector privado y los territorios.

Sin embargo, he aquí la verdadera alerta: ya hemos aprendido que los anuncios llenos de metas numéricas sobre infraestructura, internet y equipamiento, sin objetivos claros de desarrollo de competencias, gestión y gobernanza, son disparos al aire. No se puede esperar una transformación real del Estado solo añadiendo tecnología de forma superficial, maquillando los problemas de fondo. Sin respeto a la carrera pública magisterial, al servicio público, a la transparencia y a la institucionalidad, no nos convertiremos en una democracia moderna, por mucho equipamiento y cobertura que tengamos.

- Jorge Copello (30-Jul-2024)


Prohibir lo digital hoy, destruye el futuro

La Comisión de Educación del Congreso de la República ha dictaminado a favor del Proyecto de Ley que prohíbe el uso de teléfonos celulares en las escuelas públicas y privadas <https://www.elperuano.pe/noticia/217607-congreso-evalua-ley-para-prohibir-uso-de-celulares-en-colegios-durante-dictado-de-clases>, y con la opinión favorable del Ejecutivo.

Legislar sobre este tema viene de países en donde los gobiernos fueron muy agresivos en el uso de lo digital (por populismo y sin evidencia alguna para hacerlo) y se han visto en la necesidad de retroceder devolviéndole a la institución educativa (IE) la responsabilidad de decidir sobre el uso de dispositivos y/o software en función de los objetivos educativos (pedagógicos o de gestión). Esto nunca debió ser de otra manera.

En el caso peruano es una ley, por lo menos, inútil ya que la decisión nunca ha dejado de ser de las escuelas e, incluso, de los propios docentes en el aula. Nadie los “obliga” a usar dispositivos o a permitirlos. La norma establece la salvedad de que la IE puede decidir el uso de los dispositivos cuando se trate de uso pedagógico (esto nunca debió ser de otra forma y no se necesita de una ley para que así sea).

Pero, pensándolo bien, tal vez la ley sí tenga un efecto: tal vez ocasione que el Ministerio de Educación del Perú deje de equipar o de sentir que debe equipar con tecnología a las IIEE (porque tampoco lo hace) y, por consiguiente, los Gobiernos Regionales y Locales lo copien y sientan que no es su rol llevar tecnología dentro de las aulas; por lo tanto, las brechas de equipamiento seguirán abriéndose.

Lo más de fondo: el lugar más “desafiante” para el uso de lo digital NO son las escuelas. Si el docente no se hace cargo de la cultura o competencia digital de sus estudiantes, ¿quién lo va a hacer? ¿Las familias? Si las escuelas se sienten relevadas de la mediación digital solo nos quedará confiar que las familias lo lograrán por inspiración divina.

- Sandro Marcone (24-Jul-2024)