1988. Nos volvemos a vestir de negro. Esos tipos malencarados que te miran en la foto de ahí abajo eran Danzig y este fue su debut. Maldita sea, este es uno de esos discos que te lo pones y, perdonadme la expresión, te aumenta instantáneamente el perímetro escrotal. Que te hace saltar a la calle como si fueras a comerte el mundo. Glenn Danzig, conocido de sobra por ser la voz de los míticos Misfits y tras la relativamente corta aventura que supuso el grupo Samhain, se embarca en este nuevo proyecto, en cierta medida más cercano a los vientos que soplaban en el mundo de la música, más receptivo de lo que nunca había sido y sería a los sonidos metálicos. Los añorados, sobre todo por los heavies, años '80. Pero este no es un grupo heavy al uso. La inconfundible y profunda voz de su líder le da un toque a la vez épico y oscuro, diría siniestro si esta expresión no hubiera sido tan malinterpretada en los últimos tiempos. Una especie de Elvis satánico, el Evil Elvis en persona. Macarrismo y satanismo a partes iguales. No podemos olvidar el excelente trabajo guitarrero de John Christ (ex-Samhain) y la contundente base rítmica formada por Eerie Von (ex-Samhain) al bajo y Chuck Biscuits (ex-D.O.A., Black Flag, Circle Jerks...) a la batería. El disco fue producido por el actualmente intocable Rick Rubin para su sello Def American (antes Def Jam Records), que luego se convertiría en American Recordings. Sonido denso, poderoso, enérgico e impactante, que recogía parte de la herencia sabbathica y que dejó para el recuerdo 4 discos inmensos. Reconozco que no he seguido las andanzas de esta gente mucho más allá, y lo poco que he escuchado creo sinceramente que no hace justicia a sus primeros lanzamientos. En éste se juntan clásicos de su repertorio como "Twist of Cain", "Not of this world", la soberbia y éxito postrero "Mother", "Am I Demon" o una curiosa versión de "The Hunter", por citar algunas, porque servidor a día de hoy sigue sin poder decidir sus preferidas. Alguno dirá que son simples, yo diría que son contundentes, pero lo que es seguro es que es un disco infaltable en la discoteca de cualquier aficionado al género y para cualquiera que necesite en un momento dado una auténtica inyección de energía. 










Antes de nada decir que no soy un gran fan de este hombre, pero hay que dejar claro que este recopilatorio parte la pana. Como sabréis Billy Idol se formó como músico en el grupo punk Generation X, donde aprendió la importancia de la imagen en la carrera de un artista. Después de 3 discos, inició una carrera por su cuenta. Este CD (de 1988) recoge lo más granado de sus cuatro discos en solitario hasta ese momento, siempre acompañado por la excepcional guitarra de 




