El año pasado fue un año interesante. Fue un año de muchos cambios, decisiones importantes, desafíos, llantos, noches de desvelo, amor, desamor, esperanza, desesperanza, tristeza y mucha felicidad. Fue todo en uno. Muchas emociones, pero sobre todo MUCHO crecimiento espiritual. Y creo que con eso me quiero quedar. Este año empecé el año con muchas metas en mente, si me preguntan cómo voy con ellas hoy puedo decir que NO muy bien con todas. Bien con algunas... regular con otras y muy mal con las demás. 😅 Pero todavía es marzo, tengo tiempo y esperanza en que lo voy a hacer mejor. Algo que estoy aprendiendo a la vez, y no es muy fácil para mí, es a no ser tan dura conmigo misma. Hago mi mejor esfuerzo y me esfuerzo en la medida de lo posible y dentro de mis posibilidades actuales.
Me imaginé este año 2024 muy diferente. Al menos el INICIO de este año es diferente a lo que esperaba. Es un año lleno de emociones también, y las que sé que se vienen. No puedo contar mucho al respecto, aunque me estoy mordiendo la lengua. Si tuviera que poner en palabras cómo esperaba que fuera este año, no sabría que decir exactamente, pero sin dudas la realidad es completamente diferente a lo que esperaba. (Para bien!)
Este año, mi Padre Celestial está llevando mi aprendizaje a un nivel más elevado y por lo tanto los desafíos también son mayores. 😅 No voy a mentir y decir que me hace feliz tener pruebas y momentos de dificultad, pero estoy agradecida por ellos porque me hacen crecer y me ayudan a darme cuenta de que soy más fuerte de lo que creía. Sé que Dios conoce mi capacidad y mi habilidad para sobrellevar ciertos desafíos. Y aunque muchas veces creí que no iba a poder, Él siempre me acompañó, agarró mi mano y jamás me dejó caer. Y por eso estoy infinitamente agradecida. Porque no estoy sola y porque sé NUNCA voy a estarlo. 💗
Mi bendición patriarcal especifica que "tendría bastantes desafíos" pero que "solo dependía de mí salir airosa de ellas." Esa frase fue una de las frases que quedó grabada en mi mente por años. Me asustaba, pero a la vez me daba esperanza. ¿Por qué esperanza? Porque yo sabía que las pruebas iban a estar y que iban a ser más de las que yo deseaba pero que en mí estaba el poder de aprender de ellas, de fortalecer mi fe y de salir victoriosa de ellas. Muchas veces pensé en qué tipo de pruebas serían y en qué forma vendrían. Realmente, no había forma de que yo supiera como iban a venir y aún actualmente no sé si vendrán pruebas más difíciles, pero mi Padre Celestial me promete que estará conmigo y eso me da esperanza. SÉ que voy a estar bien. Más adelante encuentro otra promesa hermosa, de que, "si me esfuerzo por guardar mis convenios con Dios, Él no dejará que las tribulaciones me dañen." Tenía solo 17 años cuando recibí mi bendición patriarcal y puedo testificar de que sin dudas las promesas y bendiciones que recibí por medio de un digno poseedor del sacerdocio no pudieron haber sido más acertadas.
Actualmente, trato de enfocarme en todas esas bendiciones y en ser agradecida por ellas. Como seres humanos tendemos a poner nuestro foco en lo que nos falta alcanzar, en lo que nos falta tener, y por una parte está bueno porque es el motor de nuestro esfuerzo. Pero descubrí que, para mí, parar, reflexionar y agradecer por mis logros alcanzados me hace más feliz. Me ayuda a vivir una vida más plena. Hace un año, soñaba con muchas de las cosas que tengo hoy. Mi Sara del pasado estaría muy orgullosa de mí y motivada a seguir soñando.
Todos tenemos vidas diferentes, desafíos diferentes, y metas diferentes. Esta vida NO es una carrera para ver quien llega más lejos y más rápido. Esta es una experiencia única en la que justamente aprendemos a conocernos a nosotros mismos, desarrollar una relación con Dios y hacer uso sabio de nuestro tiempo.
Sé que Jesucristo murió y resucitó por nosotros y no puedo siquiera imaginar cuánto hay que amar para dar la vida por alguien, pero estoy infinitamente agradecida por Su sacrificio expiatorio y su poder en mi vida. Agradezco que gracias a él no tengo que ser perfecta y puedo tener siempre segundas oportunidades. Todos tenemos ese privilegio.
Tengo FE en el plan de felicidad y sé que es perfecto, tengo FE en Dios y su amor por mí y por todos nosotros en la tierra, tengo FE en que todo va a tener sentido al final, tengo FE en que nunca voy a estar sola... y esa, esa es la FE que me salva.
Con amor,


