En lo más profundo de los bosques del norte, donde la niebla no se disipa ni al mediodía y los árboles parecen inclinarse unos hacia otros como si compartieran secretos, existe una presencia antigua. No es un animal. Tampoco un hombre. Es algo intermedio. Algo que observa. Los antiguos habitantes del País Vasco lo conocían bien. Lo llamaban Basajaun, “el Señor del Bosque”. Y no era una criatura de cuentos para asustar niños… era un guardián.
viernes, 10 de abril de 2026
La verdadera historia del hombre del saco
La casa de las palomas
No eran ni las 14:00 cuando el guardia de seguridad nos impidió el acceso al camino que lleva a las ruinas del Castillo de Alarcos, que era nuestro destino inicial. Este nos acompañó gentilmente hasta la salida mientras nos explicaba que las visitas se retomarían a las 17:00. Un hombre campechano que nos aconsejaba esa hora por hacer menos calor pero…en la estepa Manchega el sol aprieta hasta bien entrada la tarde. Nuestra intención era fotografiar y filmar las ruinas y quizá poner alguna grabación psicofónica, cabe decir que esto último lo tenía planeado como posible añadido, esta vez las voces no eran nuestro objetivo, únicamente un poco de turismo rural. Como no disponíamos de ese tiempo la visita quedó automáticamente aplazada así que el gendarme pacientemente esperó unos minutos a que fotografiara el paraje tan hermoso desde lo alto de la colina y la fauna campestre de la zona.
Una vida entre los muertos

Hubo un tiempo en el que Madrid no dormía. No por el bullicio… sino por el estruendo. Durante los años de la Guerra Civil Española, la ciudad se convirtió en un tablero roto donde las calles dejaron de ser caminos y pasaron a ser fronteras. La población, atrapada entre el miedo y la necesidad, buscó refugio donde pudo. Y algunos lo encontraron en el lugar más inesperado. Entre tumbas.
San Andrés de Teixido: el santuario al que todos regresan… tarde o temprano
Hay lugares que se visitan por curiosidad. Otros, por devoción. Y luego están aquellos a los que, según la tradición, nadie escapa. En lo alto de los acantilados de la sierra de Capelada, donde el viento parece arrastrar ecos antiguos y el mar golpea como un corazón inquieto, se alza uno de los enclaves más enigmáticos de Galicia:
El Santuario de San Andrés de Teixido.
Apenas a unos kilómetros de Cedeira, este lugar no solo es destino de peregrinos. Es, según la creencia popular, una parada obligatoria para las almas. En vida… o después.
