Sunday, February 1, 2026

Rótula herida

Las teorías sobre el estrés comparten una premisa en común: Adaptarse al entorno hostil y cambiante tiene un costo. El costo es lo que me gusta pensar como una pequeña muerte. En todo sentido. Ya sea de algún vínculo, sistema de creencias, sueño, tejido corporal o bitcoins. Es decir, básicamente, te quita un poco de tiempo en la faz de este planeta. El tiempo, probablemente lo único verdadero en este mundo artificial. ¿O no?

Y si entendemos que el tiempo y el espacio vital son invaluables en este mundo, cada día me aterra más la facilidad con la que ambos están siendo arrebatados de las personas a través de las pantallas.  Black mirror operó como un agente de sensibilización para este presente absurdo. Cada like revelando tus pensamientos y deseos, algoritmos que tamizan a la sociedad en segmentos, prompts capaces de convertirte en un personaje al estilo Ghibli, hacer fotos con los muertos o crearte un nuevo rostro. Con la IA, todo es posible.

Tus pensamientos más profundos alimentan la gran máquina que aprende y fabrica ideas hechas a tu medida.

A él le gusta morder cuando copula, no hay espacio para la caricia. Claramente tiene tendencias sádicas, le gusta ver chicas semidesnudas comiendo gusanos, lámparas hechas de piel humana o traseros gordos que llegan a ser deformes. Le fascina lo grotesco y la degradación del humano, en especial de las mujeres. No soporta ver a su novia llorar, y cuando sucede, la ignora con total frialdad. También disfruta de ver transexuales haciendo twerking, aunque finge sentir rechazo (si no te gusta, no lo ves y punto, pero si lo ves solo para criticarlo o burlarte...). 

Imagina ese algoritmo.

A ella le gusta sentirse deseada, pero en el fondo no cree que pueda ser deseable. Así que elige parejas que la tratan con desdén. Y sufre, llora, se quiebra. Claramente, es masoquista. Ruega que la toquen, que la besen, que la abracen. Su delirio más grande es poder sentirse amada. Pero en el fondo ya descubrió que eso a lo que se aferra en creer no es amor. Respira, se calma. Ve la claridad por un momento. Y luego, está atrapada. No puede irse porque sigue creyendo que él no la daña a propósito, que no es consciente de lo que hace con su indiferencia. Que le demuestra su amor de otras formas. Que no disfruta con verla sufrir rogando por una caricia. 

Imagina ese algoritmo.

Ahora imagina a ambos juntos. 

Ambos miran sus pantallas para dejar de mirarse a los ojos.

Ambos miran sus pantallas porque hay mucho dolor acumulado.

Ambos miran sus pantallas porque ya no pueden hacer el amor.




Monday, December 15, 2025

Santa viene por mi

Falabella me dice que el regalo perfecto está con ellos. Agora shop me anuncia que tengo 40 soles de descuento en Makro. Son las 3 de la tarde y ya tengo 35 llamadas perdidas que según el identificador provienen de sicarios, fraudes, bancos, operadores telefónicos, penales, extorsionadores o nombres que jamás he escuchado. Cada cosa que hago, que digo, que escribo, incluso ahora en este blog, será minuciosamente analizada por los algoritmos que moldean el mundo y controlan lo que hacemos. Para todo hay un sedante. Un bit de satisfacción a través de la pantalla. Un carrito lleno que acepta pagos a 36 cuotas sin intereses. Vivimos en la caverna y nos volvimos tan adictos a las sombras que pagamos por verlas. Así como pagamos por el agua de plástico, las manzanas envenenadas y las vitaminas en cápsulas. Nada es lo que parece. Nada perdura. Todo es descartable. Los sueños dejaron de ser y se convirtieron en hologramas danzantes en espejos negros. Me siento enferma. Necesito respirar un poco de aire de montaña y mar. Este agujero negro de millones de colores que se replica por todas partes, me absorbe. Y cuando escapo de esta trampa, por unos minutos, algo en mi desea más y más. Quiero saber más de todo y  termino sabiendo nada. Tengo un hambre insaciable que me consume. Las llamadas no dejan de sonar. Santa viene por mi. Tengo regalos que comprar. Claro me dice que es momento de renovar mi celu. Una notificación me dice que tengo 25% de descuento si compro con BBVA entradas para el concierto de Iron Maiden. Tal vez a mi novio le guste. Acabé ya mis créditos. Y mi tiempo ya no es mío. Nunca fue mío. Fue de todos. De esos que fabrican espejos negros. Del anciano de días, grasiento y vestido de rojo. De las corporaciones. De la big data. De los vigilantes y los medios de comunicación.

Solo quiero un poquito de aire.

Para poder cantar.

Y vivir.

Avenida

Al salir de casa, doy 3 pasos

Las veredas tienen surcos
pequeños universos en putrefacción florecen

En la esquina, un orate orina
el rugido de los buses
aplasta corazones
la bruma gris me infecta

Pas de deux
pastillas
monederos virtuales
niñas que se creen gato
corren corren
y los colores están vetados
todo es color cemento
blanco
gris
negro

El sudor emana de la frente
de la señora que vende tamales
Y es lo único real

Las flores de plástico se pagan con plástico
Las mujeres bellas tienen el mismo rostro
Las casas bonitas tienen alarmas
o stickers

Vuelvo a casa
Un dron me cuida

Escribir o morir

Recuerdo que solía escribir. Atravesaba las calles roídas del centro de Trujillo, veía los rostros de los caminantes con singularidad, alguna vez cruzaba miradas con extraños mientras las sombras de los balcones coloniales sobre la acera enmarcaban mi camino hacia la Casona de la Emancipación, mi refugio. 

Mi lugar favorito era el marco de un ventanal a la derecha con vista a la pileta, allí me perdía por completo. O me encontraba. Escribía poesía. En ese entonces intentaba crear algo con palabras porque me acechaban pensamientos de muerte. Escribir era la resistencia. Mi vida dependía del orden de las letras, las figuras, las licencias. Tenía el control sobre la muerte. Las palabras me permitían aplacar el dolor de mi alma. Esculpía mis heridas a través del poema y lo convertía en ofrenda. ¿A quién? Tal vez a mi misma. A Dios. A quién sea.   

Dejé de escribir hace más de 10 años.

Tengo terror del presente. No puedo soportar leer un texto más de sintaxis perfecta hecho con IA. Estoy harta de los reels, tiktoks, estados y de este presente profundamente absurdo. 

Leo mucho en posts, en comentarios, en pdfs. Se de una infinidad de temas en contra de mi voluntad. Los libros se me están amarillando. Siento que mi atención está rota. Soy una adicta a la información vacua. Los algoritmos se han robado mi alma. El tiempo es implacable. Y mi mente se diluye

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Un dron atraviesa el cielo, dice que me protege. Una cámara cuenta el aforo de personas con IA integrada. Mi rostro ya no es mío.  

Ya no soy humano. 

Soy un número. Una visualización. Un like.

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