Me he resfriado y, como siempre, me ha atacado a la garganta. He intentado resistir porque tenía un montón de exámenes esta semana y las evaluaciones a la vuelta de la esquina, así que, he ido a trabajar. Creo que los alumnos se han portado mejor que los profesores, han visto que estaba afónica y, aunque han hecho sus travesuras habituales, han dado por hecho que les iba a reñir con una mirada o un gesto, que tenían que leer más de lo que habitualmente hacen la pizarra (muchos ni la miran, no tiene pantalla táctil, no interesa) para seguir instrucciones, escuchar más listenings, hacer el examen en silencio y ya está. Business as usual.
Sin embargo, mis compañeras (la verdad es que los hombres pasan más y esta vez casi se lo he agradecido, así que eran compañeras las que más me han hablado) me han agobiado un poco con tanto querer protegerme. "¿Qué
te ha pasado? No hables." Y: "Haz gárgaras con bicarbonato. Con tomillo, con orégano"...
cada una me decía una cosa. Vamos, que puedo hacer gárgaras con lo que sea, porque se ve que se hacen con todo. "¿Te estás tomando algo?" ¿Cómo no me voy a
estar tomando algo, con el trancazo que llevo encima? Pero si tengo que explicarlo, me toca hablar y no puedo. Luego dos que me querían
ayudar a cerrar los sobres de las cartas de las faltas de mis alumnos, que estoy afónica, ¡no
manca! Al final tuve que dejar me ayudaran,
aunque creo que lo hago mejor yo sola. Pero claro, no puedes discutir ni decir que ya te apañas sola si estás afónica.
De verdad, que se agradecen los mimos y la preocupación, pero me han puesto un poco de los nervios porque sólo quería que me dejaran en paz y hacer mis cosas como siempre. Luego me encuentro a la directora de camino al aseo y ella venía de la cantina: "¿Cómo vas?" Pero, no me hagas hablar, mujer. Y yo, susurrando: "Pues me he tomado un colacao caliente hace un rato."
De verdad, que se agradecen los mimos y la preocupación, pero me han puesto un poco de los nervios porque sólo quería que me dejaran en paz y hacer mis cosas como siempre. Luego me encuentro a la directora de camino al aseo y ella venía de la cantina: "¿Cómo vas?" Pero, no me hagas hablar, mujer. Y yo, susurrando: "Pues me he tomado un colacao caliente hace un rato."
"¿Y cómo das clase sin voz?" Esto no me lo preguntaron profesores, sino
mi madre, las que trabajan en secretaría y la de la cantina. Buena
pregunta, pero es que no puedo contestar hoy. Todo el mundo queriendo hablarme más que nunca. En mi asignatura, hay mil
maneras de dar clase sin hablar: listenings, vídeos, exámenes (en los que no se habla),
presentaciones orales de los alumnos (que hablen ellos) y ya, si no hay más remedio, hojas
de ejercicios que cada uno/a hace y yo voy por las mesas susurrando
dónde se han equivocado y dónde no. O escribo las soluciones en la
pizarra explicando por qué es la respuesta correcta. Por cierto, no sé
por qué tengo la impresión de que mis mejores clases las hago cuando
estoy afónica. Incluso varios alumnos y alumnas me dijeron que les había gustado más que otros días...
