domingo, 31 de agosto de 2008

Mujeres.

Veo a unas chicas árabes pasar por debajo de mi ventana, vendrán de la carnicería-supermercado árabe que hay en esta calle, porque vienen con bolsas en las manos. Dos llevan pantalones, una falda larga. Dos llevan pañuelo en la cabeza, otra no. Parece que en ellas se mezcla la tradición con la modernidad occidental. Van riéndose y hablando en un idioma que no entiendo y, sin embargo, sé que están hablando de hombres. Las mujeres sólo nos reímos así, con esa picardía, cuando hablamos de nuestros novios o maridos, de los que no son novios ni maridos pero nos gustaría que lo fueran, o de algún chico guapo conocido en una noche de fin de semana. Y, de repente, me encantaría saber su idioma, bajar a la calle, entender lo que dicen y reírme también.

jueves, 28 de agosto de 2008

Trasventura.

Me pide Toñi, la jefa de Trasventura (Antonio, su marido, supongo que ya sabe que somos las mujeres las que mandamos, así que no se molestará si digo que la jefa es ella), que le escriba un pequeño relato sobre los viajes que hemos hecho y cómo nos lo hemos pasado, para ponerlo en la página web. De paso, aprovecho para ponerlo aquí, ¡ja, ja!


En primer lugar, creo que todos viajamos para salir de la rutina, conocer sitios y gente nueva, probar otras comidas, incluso, a veces, hablar otros idiomas. El viaje es un aprendizaje, un vaciarte de ti, de lo conocido, para llenarte de nuevas vivencias. Sin embargo, cada uno, aunque viajemos en grupo, lo vivimos de una manera distinta dependiendo de nuestros intereses y de lo que somos. Por ejemplo, un arquitecto o un historiador no van a ver una catedral de la misma forma que un profesor de inglés. Un biólogo, geólogo o alpinista no van a contemplar una montaña de la misma forma que un piloto de carreras. La foto que me hice en Ginebra delante de la casa donde vivió George Eliot tiene sentido para mí por lo que he estudiado de esa escritora, cualquier otra persona podría pasar ante esa casa y ni siquiera leer la placa. Cómo vivimos el viaje depende de lo que hemos vivido ya, de nuestras experiencias previas, nuestros gustos, nuestra personalidad.




Sin embargo, creo que los que viajamos con Trasventura tenemos algo en común: el amor por la naturaleza y que Antonio y Toñi, cuando organizan los viajes, lo hacen pensando en espacios que les han impresionado por su belleza, la cual quieren compartir con sus amigos. Porque el éxito de Trasventura creo que está en hacernos sentir que somos como de la familia o los amigos, gracias a la hospitalidad y el buen trato de Antonio y Toñi. Después, al llegar al lugar y contemplar el Cañón del Río Lobos, o la Sierra de Grazalema, o el Mar de hielo de los Alpes, comprendes por qué han querido llevarte allí. No hay palabras para explicarlo, lo único que puedo decir para animar a las personas que no han viajado nunca con Trasventura, es que prueben y lo vivan por sí mismas, porque seguro que vuelven encantados y repiten.




Fotos: Mer de glace y Argentière.

(Añadido el 31 de agosto.) Noticias blogueras, por si a alguien le interesan: Ver aquí.

martes, 26 de agosto de 2008

Suiza.

Jardines de la ONU junto al Lago Leman


Ginebra me encantó, me habría gustado pasar un par de días más allí, para verla bien en sus contrastes: la parte vieja, con callejuelas estrechas en cuesta y muchas tiendas de antigüedades, la nueva, con las grandes avenidas de los hoteles caros y los bancos, las joyerías y las tiendas de ropa de marca, los edificios oficiales de instituciones como la ONU y la Cruz Roja internacional, los parques tan enormes al lado del lago Leman, que es como un mar interior... Me quedé con la sensación, como otras veces en otros viajes, de que yo sería capaz de vivir allí, adaptarme y ser feliz.


Después nos adentramos un par de días más en Suiza, para ir Zermatt, Sion y Gruyères y lo que vi de Suiza me gustó, tanto en sus grandes ciudades como en los pueblos, aunque fueran tan turísticos como los que he mencionado. El verde típico y las casas de madera, todo limpio, gente que habla varios idiomas (muchos de ellos, incluso español o te entienden porque hablan italiano), aceptan euros, aunque luego (ahí comprendes por qué los bancos suizos se han hecho tan ricos) te suelen devolver en francos suizos, para que lo tengas que gastar allí.



Zermatt, con sus taxis eléctricos



Lo más curioso, también, de estas vacaciones es cómo en tan pocos kilómetros hay tantos países juntos y tantos idiomas: francés, italiano, alemán... Llegaba un momento en que dudabas ya dónde estabas. Las fronteras se cruzan fácilmente, incluso en un país como Suiza, que no pertenece a la Unión Europea. Eso sí, cobran lo que les parece, como en el túnel del Mont Blanc: 193 euros por pasar el autocar ida y vuelta. Tendríamos que haberlo pasado por telecabina, como fuimos nosotros, ¡ja,ja! Y otra curiosidad es que en Zermatt sólo hay coches eléctricos o de caballos para recoger a los turistas en la estación de tren, la única forma para acceder al pueblo.




Jardín del Castillo de Gruyères
Pdata: Y una alpinista española que se va a coronar uno de los cuatro ochomiles que le faltan: Ver aquí.

sábado, 23 de agosto de 2008

Los Alpes.

Para mí, que vengo de un clima cálido mediterráneo, lo más sorprendente de los Alpes son las nieves perpetuas, incluso en agosto, como veis en la foto de abajo, y la altura de las montañas, ya que vivo a nivel del mar. Por lo demás, los pueblos y el verde de las cotas más bajas, me recordaban a Irlanda irremediablemente, la única diferencia es que aquí hablaban en francés. Sin embargo, Suiza e, incluso Italia, me parecieron distintas en la forma de las casas, aunque el verde fuera el mismo.





Desde luego, lo más impresionante del viaje fue cruzar en telecabina el mar de hielo y ver una inmensidad de blanco sólo rota por los picos de las montañas que sobresalían. Creo que es algo que todos deberíamos ver al menos una vez en la vida. Lo cual me hizo recordar el principio de Cien años de soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Si un simple trozo de hielo se recordaba toda una vida, mucho más ese paisaje que teníamos bajo nuestros pies. Las telecabinas con las que nos cruzamos:



Y, en ese lugar donde jamás imaginarías que hubieran llegado humanos, de vez en cuando los veías abajo, como hormiguitas, andando por la nieve. Y te daba envidia pensar que estaban pisando sitios por donde no suele pasar nadie o sólo unas pocas personas. No sé si veréis a los alpinistas en estas dos fotos, pero os aseguro que están, aunque se vean muy pequeñitos:


Mercedes dijo: "Si van mirándose los pies, no disfrutan del paisaje." Pero, cualquiera no se mira los pies en esa situación, como para no asegurarte bien de dónde pisas... Aunque supongo que pararán de vez en cuando a contemplar la vista que tienen desde ahí.

Yo me quedo con la admiración (sobre todo, después de haber visto en los cementerios de Zermatt y Chamonix todos los que han muerto en la montaña siguiendo su afición, especialmente un chico inglés que nació dos meses antes que yo y murió en 2002) por unos hombres y mujeres a los que les gusta explorar y descubrir nuevos paisajes en las alturas.

(Actualizado el 24 de agosto). Justamente acabo de leer esta noticia sobre un rescate de alpinistas sepultados por un alud de nieve en el Mont Blanc.

martes, 19 de agosto de 2008

En casa.


Mientras me recupero de la paliza en autobús y del resfriado que he pillado bajo la lluvia y nieve alpinas, os dejo con esta foto, que me encanta. Cuando recupere las fuerzas y me apetezca escribir, ya os contaré cómo pasé de Francia a Italia en funicular a través de un mar de hielo, acabé cerrando los bares del pueblo jugando al billar en casi un bis de 7 mesas de billar francés durante tres noches consecutivas, hablé varios idiomas y crucé distintas fronteras en pocos días, con la luna llena en el camino de vuelta.

sábado, 9 de agosto de 2008

Las Alpujarras.

Tras bajar del Mulhacén, visitamos algunos pueblos de las Alpujarras esa tarde y al día siguiente, antes de volver a casa. Aquí os dejo un par de fotos para que os hagáis una idea. Si no recuerdo mal, la de las flores era en Pampaneira y la de la iglesia en Capileira.

Mañana nos vamos a la próxima aventura, que es el Mont Blanc. Ya veremos, parece que el tiempo anda revuelto y habrá tormentas. Mientras no nos pille por la montaña, todo irá bien. De todas formas, creo que valdrá la pena. A la vuelta os contaré la semana que viene, con todas las fotos del viaje y los paisajes tan bonitos de los Alpes.


domingo, 3 de agosto de 2008

Valencia en julio.

"Las ciudades tienen sus características propias y cuando se vuelve a una ciudad donde ya has estado antes es como volver junto a un viejo amigo."-Joanne Harris, Chocolat.

Como todos los años desde 2005 hasta ahora, hubo que ir a Valencia a las adjudicaciones. Antes no nos tocaba nada porque estábamos por el final de la lista pero, desde que aprobé el año pasado y adelanté más de trescientos puestos, ya me toca plaza. Lo cual es interesante porque acabo pronto, salgo y me paso las horas hablando con gente a la que sólo veo una vez al año por estas fechas. El otro día me sorprendió ver a cuánta gente saludé: compañeros de todos los institutos donde he trabajado, compañeros de la universidad, de la academia de oposiciones, de los cursillos para profesores, de las oposiciones... Entre unos y otros, sin exagerar, es posible que hablara con unas 30 o 40 personas, sin contar a otros que sólo conozco de vista o a los que vi de lejos y no pude saludar porque estaban hablando con otra gente y ya no coincidimos a la salida.

Pero, además de la obligación, está la devoción, así que mi amiga Paqui y yo nos fuimos un día antes para disfrutar más de esas minivacaciones. Aprovechamos para ir a la playa, a tomar una horchata en Alboraya y, tras volver al hotel y ducharnos, para ir a las rebajas de verano y luego a cenar. Quedé con mis compañeras valencianas y me alegré de ver a la de plástica, que no sabía que vendría también. Las de tecnología celebraban haber aprobado las oposiciones y poder quedarse a trabajar en Valencia este año, así que estaban de buen humor y la cena fue bien. Luego nos llevaron a una terraza donde nos invitaron a tomar agua de Valencia y, ya de madrugada, volvimos al hotel en taxi. Me encanta Valencia de noche con todos los edificios del centro iluminados.

Al día siguiente, después de más compras nos fuimos con tiempo de buscar un restaurante para comer cerca de donde teníamos las adjudicaciones. Encontramos este sitio y, como mi amigo Juanjo nos lo recomendó y tuvo a bien comer en compañía de seis profesores de inglés histéricos por las adjudicaciones (no sé cómo sobrevivió), al menos, que el pobre hombre comiera a gusto. :-D Cuando Antonio me llamó para decirme que ya habían llegado a Valencia, le dije que ya habíamos oteado el horizonte y encontrado un buen restaurante, así que sus amigos y él se vinieron a comer, por eso éramos tantos. Estuvo bien la cosa, repetiremos el año que viene. (Aunque Juanjo no sé si se atreverá a venir con nosotros, ¡ja,ja!)


Al acabar, mientras esperábamos a nuestros compañeros, Antonio y yo nos tomamos una horchata y pensé que un día de estos tendré que llevarlo a Alboraya, porque donde fuimos no tenían horchata granizada como a él le gusta. Cuando por fin salió Paqui a las 8 de la tarde, nos despedimos de Antonio y Héctor, que se quedaron aún esperando a Pilar para volver a su pueblo, y nos fuimos al hotel. Estábamos tan cansadas que ya, ni salimos a cenar. Nos quedamos viendo la tele y descansando. Estamos ya mayores...