"Porque al haber vivido en Westminster (¿cuántos años hace ya? Más de veinte) una siente incluso en medio del tráfico o al despertarse por la noche, Clarissa estaba segura, un silencio particular, o solemnidad; una pausa indescriptible; un cierto suspense (pero eso sería su corazón, afectado, decían, por la influenza) antes de que el Big Ben suene. ¡Ahí! Ya retumbó. Primero un aviso, musical. Después la hora, irrevocable. Los círculos plomizos se disolvieron en el aire. Somos tan tontos, pensó, al cruzar Victoria Street. Porque sólo el Cielo sabe por qué una la ama así, cómo una la ve así, inventándosela, construyéndola alrededor de una, derribándola, creándola nuevamente a cada momento. Pero es que hasta los más grandes adefesios, hasta los míseros más abatidos que se sientan en los portales (beben su perdición) hacen lo mismo, no se pueden tratar, ella estaba segura, con leyes del parlamento por esa misma razón: aman la vida. En los ojos de la gente, en el balanceo, el ruido de los pasos y el cansino caminar; en el bramido y el alboroto; los carruajes, los coches a motor, los autobuses, las furgonetas, los hombres anuncio arrastrando los pies y balanceándose, bandas callejeras con instrumentos de metal, organillos; en el triunfo y el zangoloteo y el extraño tono cantarín alto de algún aeroplano sobrevolando era lo que ella amaba. La vida. Londres. Este momento de junio. Porque era a mediados de junio. La guerra había acabado, excepto para algunos como la señora Foxcroft en la embajada anoche, consumiéndose por dentro porque aquel chico tan majo había muerto y ahora la antigua mansión señorial debía ir a parar a un primo. O Lady Bexborough, que abrió un mercadillo, decían, con el telegrama en la mano: John, su preferido, muerto. Pero había acabado. Gracias a Dios, acabado. Era junio. "
Mrs. Dalloway, Virginia Woolf. Traducción mía.
Más vale tarde que nunca. El año pasado prometí (
leer aquí) traducir este texto de Virginia Woolf y, aunque creo que se pierde mucho porque en el original hay muchos sonidos, onomatopeyas y aliteraciones que se pierden en español, un idioma con menos onomatopeyas y menos verbos descriptivos de formas diferentes de caminar que el inglés, pues se hace lo que se puede.