El otro día me dio por pensar en todos los cambios que trae junio con el final de curso y el inicio del verano. Despedidas de compañeros de instituto (algunas, hasta el curso próximo, otras para siempre). Junio de exámenes y días más calurosos y largos. Fue un 16 de junio cuando James Joyce conoció a la mujer de su vida y por eso escribió sobre todo lo que pasaba ese día en Ulises. Y un 17 de junio de hace cuatro años conocí a una de mis mejores amigas.
Además, Virginia Woolf también habló en Mrs. Dalloway de un junio en que la primera guerra mundial había acabado y la vida volvía a Londres. "Eso era lo que ella amaba: la vida, Londres, este momento de junio." Me encanta ese párrafo. Pensé en traducirlo, pero se queda en inglés porque 1) no tengo tiempo para traducciones y 2) un texto así no se puede traducir o pierde todas las aliteraciones, los juegos de palabras y la razón de ser. (La negrita es mía.)
"For having lived in Westminster-how many years now? over twenty,-one feels even in the midst of the traffic, or waking at night, Clarissa was positive, a particular hush, or solemnity; an indescribable pause; a suspense (but that might be her heart, affected, they said, by influenza) before Big Ben strikes. There! Out it boomed. First a warning, musical; then the hour, irrevocable. The leaden circles dissolved in the air. Such fools we are, she thought, crossing Victoria Street. For Heaven only knows why one loves it so, how one sees it so, making it up, building it round one, tumbling it, creating it every moment afresh; but the veriest frumps, the most dejected of miseries sitting on doorsteps (drink their downfall) do the same; can't be dealt with, she felt positive, by Acts of Parliament for that very reason: they love life. In people's eyes, in the swing, tramp, and trudge; in the bellow and the up-roar; the carriages, motor cars, omnibuses, vans, sand-wich men shuffling and swinging; brass bands; barrel organs; in the triumph and the jingle and the strange high singing of some aeroplane overhead was what she loved; life; London; this moment of June. For it was the middle of June. The War was over, except for some one like Mrs. Foxcroft at the Embassy last night eating her heart out because that nice boy was killed and now the old Manor House must go to a cousin; or Lady Bexborough who opened a bazaar, they said, with the telegram in her hand, John, her favourite, killed; but it was over; thank Heaven-over. It was June."
Y este es un junio en el que he vuelto al trabajo tras dos meses y medio de baja y la semana que viene empiezo las oposiciones. Pero hoy me he ido a comer con mis alumnos de 4º ESO (2º BUP para los de mi generación, 15-16 años) y algunos profesores a los que nos invitaron a ir a la comida (pagando cada uno lo suyo, claro) y me ha gustado descubrir que la juventud no está tan perdida como creíamos, que todavía tienen valores y formalidad. Se han portado mejor que en clase, han estado bromistas, pero con respeto, con ganas de jugar con sus profesores al billar y los dardos y de hablar y sentarse en nuestra mesa a contarnos sus cosas y preguntarnos por nuestra vida. Ha sido bonito ver cómo sí hay diálogo entre generaciones a veces, aunque parezca que no. Contentos de acabar el curso, de acabar la secundaria, sintiéndose mayores por empezar el bachillerato, como nosotros a su edad. Emperifollados con sus mejores galas, las chicas pintadas y maquilladas y muy modernas, ellos con camisas de manga corta y el pelo engominado como cuando salen el fin de semana. Sin fumar, sin beber más que agua mineral y leche con colacao en un pub. Con esos rasgos todavía de niños y, sin embargo, ya camino de la madurez, con esa rebeldía, transición y optimismo que me gusta tanto de la adolescencia. Vamos, que hoy no me habría importado tener 15 años y quedar con mis profesores y compañeros a comer. Y, sin embargo, ya soy la profesora. ¿Tantos años han pasado volando?