(Dedicado a Jaume y Manolo, profesores del cursillo sobre los Itinerarios de los pozos de nieve en la provincia de Alicante.)
"Según el diccionario de S. A. Jacobson, los esquimales disponen de más de cuatro términos para la nieve, ya que distinguen conceptos como
aniu (nieve en el suelo),
kanevvluk (nieve ligera),
murvaneq (nieve suave y profunda),
natquik (nieve en remolino),
nevluk (nieve pegajosa),
qanis,
quineq (nieve sobre el agua),
nutaryuk (nieve fresca), etc. En la lengua esquimal kangiryuarmiut la abundancia es aún mayor, y disponen de palabras para la ‘nieve caída’, ‘nieve derritiéndose’, ‘nieve en polvo’, ‘nieve cayendo’, etc. En otras lenguas, como en inupiat y yupik, también hay abundancia de términos relativos a la nieve. Esto nos llevaría a pensar que, aunque no obraran con sinceridad, no estaban tan confundidos quienes exageraban la riqueza léxica de las lenguas esquimales para designar a la nieve.
El ejemplo adquiriría todo su valor si comprobáramos que lenguas habladas por comunidades que viven en zonas no tan afectadas por la nieve, son más pobres en el vocabulario de este campo semántico. Y así parece ser, pues en lenguas de comunidades que habitan territorios cálidos existen escasas palabras para la nieve. En la mayor parte de lenguas indígenas de Colombia, como en inga, paez, waunana, embera, sáliba, uitoto, etc., no se dispone de una palabra para la nieve, y el siona carece de un lexema para este fenómeno, y solo existe un compuesto que literalmente significa ‘el agua tiesa que cae’. En español, por ejemplo, no existen tantas palabras para referirse a distintos tipos de nieve como en esquimal, y solo tenemos
nieve en polvo,
aguanieve o
nevisco; pero distinguimos otros conceptos relativos a pequeñas porciones de nieves que caen (
celliscas), a formaciones de nieve (
nevero,
alud) y a bloques de hielo (
iceberg,
glaciar); diferenciamos la nieve de otros fenómenos similares, aunque percibidos y conceptualizados como distintos (
granizo). Todos estos ejemplos podemos tomarlos como un indicio de que en efecto existe una relación estrecha entre intereses materiales y organización léxica, que, en cambio, es más difícil de probar en la cultura espiritual." -J.A. Díaz Rojo,
El trujamán, octubre 2004.
Como ya publiqué en agosto, en dos posts sobre mi viaje a Irlanda con Anaví (
Mi prima y el ama de llaves y
El ama de llaves recibe a las visitas), allí vimos un pozo de nieve para mantener frescos los alimentos perecederos en una época en que no existía el frío industrial. (Pinchad en los enlaces para verlo.) Yo había visto reportajes sobre los pozos de nieve de la provincia de Alicante, pero no sabía nada de ellos. Así que, me apunté a un cursillo del CEFIRE (centro de formación de profesores) para aprender. Han sido tres días de charlas en clase y tres excursiones por las sierras de Aitana, Mariola y la Font Roja que nos han sabido a poco y nos han dejado con ganas de más, pues da gusto hablar con gente que sabe del tema y te va contando cosas de las plantas, las sierras y los pueblos que se ven en el horizonte, y frases del gran botánico Cavanilles. (Esto último hará reír a Jaume, que es "fan" incondicional de Cavanilles.)
No sé cuántas palabras para llamar a la nieve tendrían els nevaters (los nevateros), la gente que trabajaba en los pozos de nieve de mi provincia en los siglos XVII, XVIII y XIX, incluso hasta principios del XX, cuando la invención de las neveras eléctricas hizo que el negocio de la nieve ya no fuera rentable. Pero resulta sorprendente saber que, en aquellos tiempos, había empresarios que construían grandes pozos de nieve para abastecer a las poblaciones cercanas y tenían muchos trabajadores. Un tipo de vida que hoy, cuando abrimos la nevera y sacamos los cubitos de hielo sin ningún esfuerzo, nos cuesta imaginar: Nevaters que vivían en la montaña, en casas cercanas a los pozos, para tenerlos vigilados y cuidados. Arrieros que bajaban con sus mulas en las noches de verano (para que no se deshiciera la nieve) por toda la sierra hasta llegar a la costa por la mañana temprano y vender el hielo a los hospitales, los heladeros y los pescadores y volver a la montaña con cajas de pescado con hielo. Hombres que soportaban en invierno un frío extremo metidos dentro de pozos que tienen 16 metros de profundidad y 13 metros de ancho mientras los llenaban de nieve, la pisaban y le echaban paja de arroz (la que más aguanta) para separar las distintas capas de hielo. Constructores de pozos que, piedra sobre piedra y sin apenas nada más creaban obras que han durado siglos, algunas, maravillas como esta:
Cava arquejada, Sierra de Mariola.
Otros, más sencillos y que suelen tener hoy en día una de sus paredes derruidas, pues la nieve de dentro ya no hace contrapeso para aguantarlos, simples hondonadas naturales aprovechadas como pozos llamados ventisqueros:
Sierra de Aitana
Y sí, es nieve lo que se ve al fondo del pozo. Hay nieve en la provincia de Alicante. Aunque parezca mentira, no todo es sol, playa y turistas, como se puede observar en esta otra foto:
Sierra de Aitana (Y eso que hacía ya más de un mes que no nevaba cuando fuimos.)
Os dejo con un vídeo de un grupo que estuvo justo al día siguiente en la Sierra de Aitana, para que os hagáis una idea:
Otros pozos en la
sierra del Maigmó y un interesante artículo sobre
la sierra de Mariola en un blog que he encontrado sobre la provincia de Alicante y sus encantos:
http://alicanteblog.blogspot.com/. Y, sobre todo, recomiendo este artículo de Juan José en el blog que acabo de mencionar:
Los pozos de nieve.